lunes, 6 de octubre de 2014


Álvaro Solís

     A septiembre se le denomina el mes patrio, y muchas veces estas fechas solamente se asocian, como alumno o como maestro, a los posibles puentes (o suspensión de la labores por sucesión de días inhábiles) que nunca faltan. Pero más allá de estas suspensiones, siempre es necesario detenerse a considerar por qué, como mexicanos, son importantes estas fechas.
     Como país no somos una comunidad homogénea, cada uno de los estados que conforman México tienen diferentes costumbres, diferentes maneras de vestir, diversos acentos o tonos de voz al hablar, pero hay algunos rasgos que, a pesar de las anteriores diferencias, hacen que, como Mexicanos, tengamos cierto espíritu de unidad. Algunos de estos rasgos comunes son el hecho de tener una misma historia, la cual va desde la época prehispánica, pasando por la colonia, hasta llegar a la posibilidad de consolidación de una identidad que nos permite formar parte de una comunidad a la que llamamos México. Precisamente este paso de ser una colonia a ser un país independiente, son dos de las fechas que se celebran en este mes, el inicio y la consolidación de la independencia, en 1810 y 1814, respectivamente. Muchas veces nos acercamos, por medio de la lectura, a estos acontecimientos por algún encargo académico, aunque deberíamos hacerlo por forjar y fortalecer esos rasgos de común identidad que como mexicanos tenemos y poder determinar hasta qué punto hemos asumido, ciegamente, sólo la historia oficial, y todo ello por no documentarnos al respecto. Saber de nuestra historia es fortalecer nuestra identidad, situarnos con respecto al pasado es posicionar nos también hacia el futuro.
     En lo personal siempre me ha inquietado por qué todos nuestros héroes, todos los héroes a los que ahora se les rinde culto de manera desde la oficialidad gubernamental, han sido irremediablemente asesinados. Otro asunto que me inquieta, es por qué la imagen de esos héroes se nos presenta siempre como la de hombres perfectos, siendo que todos ellos tenían facetas comunes y corrientes en el diario devenir de sus días. Se maquilla tanto la historia oficial que muchas veces es imposible seguir siguiendo y creyendo esas versiones, pero mientras no se asuma la historia y su estudio como parte indispensable de la formación personal, nos seguirán dando gato por liebre.