lunes, 4 de agosto de 2014

Mariana Tagle Cabrera

     La muerte de Gabriel García Márquez ha traído un gran aumento en la lectura y ventas de sus obras, pero hay que reconocerlo por su importancia como autor, novelista, cuentista, guionista y periodista y no solo por su auge momentáneo.
     Memorias de mis putas tristes es una obra muy interesante, porque muestra la realidad de García Márquez desde un punto que los autores no han podido cautivar con una novela romántica tan especial como esta.
     Ésta cuenta la historia de un anciano periodista que al llegar a la edad de noventa años, decide regalarse de cumpleaños una noche con una niña virgen. El anciano le habla a la dueña de una casa de prostitutas Rosa Cabarcas, quien en poco tiempo le consigue a una niña de catorce años que suele trabajar pegando botones para mantener a su familia. El día de la cita en anciano encuentra a la niña sedada y desnuda y decide no tocarla, a cambio, decide cantarle canciones de cuna. "La Delgadina" es una de ellas y al ver que la niña reacciona bien al oír la canción en anciano decide llamarla así,Delgadina.
     Él se enamora de ella cada día más y se da una relación de un año que le hará recordar el pasado, la carrera de periodista, el amor a la música,y el gusto por las prostitutas. También, como todo enamorado, al anciano le gusta mucho halagarla con pinturas, lecturas, notas en el espejo y un nuevo cariño, que darán sentido al final de su existencia y podrá enfrentar lo inevitable.
     El libro se trata del peculiar amor de un viejo. A cierta edad, el vigor se agota, sin embargo, queda la emoción en su corazón. En ese momento, el anciano se dedica a tener una relación y al hacerlo se da cuenta de que el amor no pasa de moda, como muchos hombres lo creen, únicamente por el sexo, sino que también el amor se da a través de la caricia, la contemplación y el silencio